Cuanto más tiempo llevas con una persona, en teoría, más la conoces y digo en teoría porque puede que después de 20 años seáis dos auténticos desconocidos.
Las relaciones se pueden acabar porque el amor desaparece, por desgaste, porque aparece una tercera persona, por desacuerdos insalvables o porque la dichosa chispa desapareció.
Estas generalidades engloban grandes razones por las que se llega a una ruptura, razones tan importantes como que con nuestros años ( treintañeras/ cuarentañeras) quieras ser madre y tu pareja no esté por la labor de formar una familia, porque tú lleves una vida muy activa y el otr@ sea más de sofá, que uno de los dos sea más familiar y tu pareja odie las comidas dominicales con la suegra ( sí, todos los que hemos tenido suegra sabéis de lo que hablo) o que uno de los dos vea la luz y quiera irse a vivir al campo y tú, como buena urbanita, no quieras moverte del centro de la ciudad.
Todo ésto y mucho más hace que una relación pase a mejor vida.
Ahora viene lo mejor. ¿De verdad somos las personas tan integras como queremos ser? De verdad se refleja una armonía con lo que pensamos, decimos y hacemos?
Porque yo tuve un novio catalán que no quería venir a Zaragoza porque para él esta ciudad era un pueblo y terminó viviendo en un municipio de 7000 habitantes ( a 30 kms de mi casa) con la que por aquel entonces era su pareja. Porque tengo un amigo que no quería ser padre y ahora lleva a sus espaldas 3 "mochilitas". Porque ahora la del sofá se pasa el día practicando todos los deportes del mundo de la mano de su chico Fitness y porque la urbanita de turno está sembrando tomates en el huerto del pueblo junto a su novio granjero.
Y es que las personas somos así, cuando tú crees que vas a ser fiel a tus principios y a esos pensamientos que has tenido durante toda la vida, llega alguien que te pone la casa patas arriba y te ves en situaciones que jamás hubieras imaginado.
Lo mágico de todo es que somos y nos comportamos diferente dependiendo de la persona que llevamos de la mano. Por eso hay que recordar que por mucho tiempo que se conozca a alguien nunca dejará de sorprenderte.